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Entrevista a Leopoldo Abadía

Franquicias o pymes... "Lo que las salva es luchar"

L.M.

A sus 79 años, Leopoldo Abadía es la sensatez en un mundo de caos. Para definirlo: sus libros -ha escrito tres acerca de la crisis (La crisis Ninja, La Hora de los Sensatos y Qué hago yo en una crisis como está – Espasa-) y las hemerotecas -ha acaparado las portadas y telediarios de todo el país-. Este zaragozano ingeniero industrial y profesor durante 31 años de IESE dedica su tiempo a explicar, de manera llana, qué es la crisis. Y cómo salir de ella es lo que le hemos pregunrado.

I: Nos ha explicado una crisis financiera que muchos no entendíamos, con un lenguaje claro y con ironía. Ahora que sabemos de dónde sale esta crisis, dice usted que hay que sacarle partido a la situación y salir bien parado. Pero con los años que llevamos así y lo que posiblemente queda, ¿Cómo le sacamos algo bueno a esta situación?
L. A: Esto va para largo, no podemos pensar que en tres meses va a arreglarse, así que hay que hacer de esto algo apasionante. No podemos quedarnos en casa acurrucados diciendo lo mal que va todo. Yo siempre digo que está prohibido hablar de la crisis. Sino, no hacemos nada. ¡Sólo puedo hablar de la crisis yo, para vender mi libro! -se ríe-.

I: Pero en cambio, la prensa no hace más que repetir la palabra crisis…
L. A: Cuando leo los periódicos, muchas veces pienso que hay dos Españas: la de los que hablan en prensa, que a veces dicen tonterías, y la de la calle, la gente normal, que no pregunta bobadas, al revés, es gente que discurre muy bien. Cuanto más criterio tengamos todos, menos nos engañaran los cantamañanas que hay sueltos por ahí. Hay que enterarse, hay que tener criterio y pensar: “esto lo entiendo, me meto. Esto no lo entiendo, no me meto”.

I: Criterio y optimismo…
L. A: Exacto, que no es lo mismo que decir que no pasa nada, porque lo que está pasando es gravísimo. Cuando me preguntan si esto es mejor o peor que el crack del 29, siempre contesto lo mismo: en la crisis del 29, ¿cuánta gente de San Quirico, ese pueblo imaginario de 700 habitantes a 40 kilómetros de Barcelona del que hablo en mis libros, tenía acciones de la bolsa de Nueva York? Ninguna. Y ahora, ¿Cuántos tienen una hipoteca? Todos. Pues está claro: esto es peor que la crisis del 29. A esto se suma la revolución de las comunicaciones: lo que pasa en Nueva York, nos afecta aquí al instante. Estamos en un mundo en el que ya no puedes ser de pueblo… Ante todo esto, el optimismo consiste en luchar con uñas y dientes por salir adelante. Veo muchas empresas y particulares que luchan con verdadero optimismo: y lo hacen no diciendo que aquí no pasa nada, sino pensando que de ésta hay que salir. 

I:¿Pero cómo le decimos a un señor de 40 años en paro, con hipoteca y dos hijos que sea positivo?
L. A: En este caso hay que cambiar la definición de optimismo, pensar que significa que aquí lo que hay que hacer es matarse por salir adelante. Sé que es muy fácil dar consejos, pero lo que les digo a los parados es que su trabajo ahora es buscar empleo 10 horas al día. Es desmoralizante, sí, porque no encuentras trabajo a la primera gestión, sino a la número 100. Pero eso es el optimismo. Salir a las 8 de casa y volver a las 22, buscando trabajo. Y leer los periódicos. Y contarles a todos que estás buscando trabajo, hablar con todos, nunca sabes de dónde puede salir algo. Y hay que estar decidido a bajar el nivel de exigencia…

I: En contra de su optimismo, hay mucho negativismo en muchos medios de comunicación. La manera de contar siempre lo más tremendo de todo el tema de la crisis, ¿cree usted que empeora la situación?
L. A: Sin duda. Tengo amigos que han decidido no leer la prensa, cosa que  te deja muy tranquilo... Pero yo creo que hay que leer todos los días dos periódicos. Siempre los mismos: uno generalista y uno económico. El que te guste. Pero con esto, adquieres criterio. Te mantienes al día y vas viendo qué pasa. Yo hago muchas profecías…


I: Su última profecía...
L. A: En realidad la hice en 2011: predije para ese año el tema de los eurobonos -(títulos de deuda respaldados por todos los países miembros de la zona euro)-. Y nada. Ahora digo que saldrán en 2012. Ésta es mi profecía, me parece que vamos en esa dirección. España pedirá prestado con el aval de Europa, con lo que la deuda nos saldrá más barata. Esto a Alemania no le gusta, porque le saldrá más caro. ¿Qué pasa? Que Alemania, entonces, impone ajustes. Y por eso creo que todas las medidas que estamos viendo ahora son el antepaso a los eurobonos… Esa es mi profecía, y creo que pasará en 2012…

I: ¿Qué futuro tenemos con este sistema capitalista? ¿Hay que reformularlo?
L. A: A mi me parece que el capitalismo es bueno si los capitalistas son honrados. Al igual que otros sistemas son buenos si los que mandan son honrados. Hay quien habla de cambio de sistema, pero si no se garantiza que todos los que lo dirijan serán honrados, no sirve de nada. En esta crisis ha habido muchos sinvergüenzas. Muchos, ¡muchísimos! Y esto no tiene que ver con el capitislimo. Si soy sinvernguenza, utilizaré el sistema que sea para estafar a los demás. Por eso esta crisis es tan difícil de arreglar, porque es de personas. Las cosas técnicas se arreglan técnicamente: ajustes, inyección de dinero… se soluciona. Pero como sigamos siendo sinvergüenzas y jugando al todo vale, esto no lo arregla nadie. En esta crisis, lo menos importante es lo económico. Es mucho más profundo.

FYN: Dice usted que hemos vivido artificialmente bien. ¿A qué se refiere?
L.A:  Cuando me dicen que nos hemos vuelto más pobres yo digo que no, que nos creíamos más ricos. Lo que pasaba es que teníamos créditos y pensábamos que éramos ricos. Íbamos tirando de tarjeta hasta que el banco ha pedido que pagues… Estábamos apalancados y financiados, y cuando las finanzas han caído, nos hemos quedado colgados…

I: Hablemos un poco de su trayectoria como empresario. En 1984 creó usted su propia empresa, Grupo Sonnenfeld, junto a dos de sus hijos. Pasó de ser profesor de Política de Empresa de IESE dirigir su propia compañía... ¿Por qué este paso?
L.A: La monté por una locura de juventud, ¡a los 56 años! -risas-.  Estuve en el IESE como profesor 31 años, hasta 1993. Me apetecía montar una empresa, al principio compatibilicé  ambos trabajos.  Mi padre tenía un negocio y también mi abuelo. En casa siempre fuimos negociantes. Y para ello, me asocié con dos de mis hijos.


I: Dice usted que para ser empresario hay que estar un poco loco. ¿Aún más en los tiempos que corren?

L.A: Hay que estar un poco loco, sí. El empresario se juega su dinero, su dormir y su prestigio. Si le va mal, puede arruinarse, pero también puede forrarse, claro. Hoy, un empresario teme que llegue el día 30 para pagar nóminas, pero cuando consigues un gran pedido o algo importante, te crees el más listo del mundo. Tiene una emoción muy bonita.


I: ¿Y cree que con más emprendedores irían mejor las cosas?

L.A: Por supuesto tiene que haber emprendedores y hay que hacer todo lo posible por ayudarles. Es bueno que un país anime a la gente a emprender. Me parece que España no ha sido nunca un país en el que el emprendedor o el empresario haya sido bien visto. Siempre se ha visto como el que se forra oprimiendo al obrero. Pero sinvergüenzas hay siempre, en un sitio y en otro… Sería buenísimo que se animase a la gente a invertir. A la que una persona monte un negocio y contrate a dos, ya son tres parados menos…

I: ¿Y cómo se fomenta el emprendimiento?
L.A: A nivel público la figura del empresario tiene que estar mejor vista. ¿Cómo se hace? Pues creo que es un tema de formación. Muchas veces pensamos que toda empresa que vende muchísimo se forra. Pero si miráramos la cuenta de resultados, veríamos que a veces, los márgenes son pequeñísimos, porque una cosa es vender y otra ganar. Eso sí, si todo lo que gano en vez de reinvertirlo me lo llevo yo a las bermudas… pues soy un sinvergüenza… Hay que crear un ambiente social positivo. Hacer todo lo posible por decir que ser empresario es bueno.
En Barcelona, por ejemplo, hay una sociedad pública del ayuntamiento, Barcelona Activa,  a la que va la gente con ideas de negocio, les ayudan a hacer el bussines plan, a encontrar financiación, les prestan un despacho… ¡Esto es una labor buenísima! Es un tema que debería fomentarse.
Por otro lado, hay que fomentar la formación en las escuelas de negocio: se tiene que formar empresarios y fomentar la emprendeduría. En el IESE, que es la que más conozco, se hace un curso sobre esto, y se han montado unos fondos de inversión para financiar nuevos proyectos. Tiene que haber muchas medidas, pero que el empresario esté bien considerado, es básico.

FYN: Y pensando en esos emprendedores que tienen una idea, pero que tienen también dudas, por el momento que vivimos, ¿qué le recomienda?
L. A: Primero, que sepan qué es lo que venden. Enterarse si lo que venden lo vende todo el mundo o ya no se lleva. Y chequear con alguien el producto o servicio que se te haya ocurrido, a ver cómo lo ven… Luego, es fundamental el plan de negocio. Y algo que yo hacía antes, cuando nos ofrecían algún negocio, es una cosa que llamábamos plan de tesorería a cliente 0. O sea, pensar: “en qué lío me meto si en un año no entra ni un solo cliente”. Entonces, pienso que con un saldo inicial 0, en enero tendré 0 ingresos y X gastos. Y así un durante un año. Suponiendo que empiece a 0 y no venda nada, sabré cuánto capital necesitaría para sobrevivir. ¿Tengo ese capital? ¿me lo juego? Con esto te has puesto en el peor escenario posible, así que delimitas lo que necesitas en la peor situación. Te da una idea del dinero que necesitas y de cuándo lo necesitarás. Son los objetivos a conseguir. Y siempre diferenciar entre lo que vendo y lo que meto en la caja.

I: Qué le diría usted a un pequeño empresario con problemas: sus clientes no le pagan, problemas para pagar él a su vez a proveedores o trabajadores, desesperación…
L.A: Pues que toca pasarlo mal... Es importante que establezca un sistema de pago. Hay cosas que se cobran cuando las vendes y otras que, si es un servicio, lo cobras parte al principio y otra parte a plazos. Hay que tener esto en cuenta…
Desde que tienes la idea hasta que la cosa está en marcha, tienen que pasar unos meses. Hay que estudiarlo bien, no lanzar cosas sin pensarlas… Y nunca hay que enamorarse del producto: se me ocurre algo, me encanta, pero no se vende… eso es que no es una buena idea, ¡no te enamores del negocio!

I: Tal y como está la situación, déme un consejo, uno que le daría o le haya dado a alguno de sus hijos…
L.A: Mira, los jóvenes tienen que buscarse la vida. Entiéndeme: un señor de 50 años en paro me preocupa, un chaval de 25 años no… Ahora hablamos de la aldea global, si yo antes buscaba empleo en mi aldea, en los barrios próximos a mi casa, ahora los barrios se llaman Shangay y Washington. Si hay que irse a Singapur, hay que irse… Los chicos jóvenes tienen que pensar que la aldea global es la aldea global… ¿Es una fuga de cerebos? No, ya volverán, o sino, ya vendrán otros. Lo que me interesa es que la gente se de cuenta de que el mundo es el mundo, que hemos dejado de ser de pueblo. Y para eso hay que estar bien preparado. Aprender inglés tiene que ser como aprender a respirar. Pero aprenderlo bien: pensar en inglés.
Y otra cosa, utilizar internet, aprovecharlo, buscar oportunidades a través de la red. Hasta el menos formado puede encontrar trabajo en cualquier parte del mundo. ¡Buscar! Los jóvenes, que se busquen la vida, que no pasa nada.

I: ¿Saldremos de ésta, Leopoldo?
L.A: ¡Claro! Queda mucho, ¡pero es apasionante! Es un momento muy duro, ¡casi el más duro de la humanidad! -se ríe, diciendo que exagera-. Ya veremos cuánto tardamos, ¡pero claro que saldremos! Pero hay que recordar que hay empresas que hoy ya van muy bien, que crecen, que tienen grandes resultados.  Hay que reinventarse. Ser optimista. Hay quien ya ha salido de ésta, aunque la cosa está fea.

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